Que recordaras las tardes de invierno por Madrid, las noches en velas sin dormir...
Y finalmente septiembre ha llegado... lo cierto es que quería que este verano fuese eterno, que no tuviese fin, y que si acaso el verano se marchaba me dejase un sabor dulce, el sabor que deja el tiempo bien aprovechado, con momentos irrepetibles, con palabras dichas en el momento y lugar adecuados, con abrazos y miradas que dijesen lo que esas palabras no fuesen capaces de transmitir.
Lo peor de septiembre son las despedidas, decirle hasta pronto a los días que no acaban nunca, al despertarse tarde, al sol entrando por la ventana iluminándolo todo...pero supongo que esto poco a poco se va convirtiendo en un hasta pronto, pero lo bueno del verano es que podemos tener la certeza de que volverá al igual que lo haremos nosotras. Lo bueno de despedirse del verano es que podemos saludar al otoño, que aunque distinto, también es una estación preciosa, puede que tardemos en acostumbrarnos a ella y que echemos de menos al verano pero...
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